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¿Y ahora qué?¿Cómo afrontamos la temporada?

La temporada llega a su fin, y casi sin tiempo para descansar, vuelve a arrancar en pocas semanas. Y suele ser en estas fechas, donde nos formulamos con ilusión nuevos retos, metas y objetivos.

Formulación y orientación de objetivos

¿Pero nos hemos preguntado qué pautas debemos seguir, para formular y orientar correctamente nuestros objetivos?

Empecemos con la orientación de nuestro objetivo; ¿qué queremos decir con orientación? Nos referimos a cuál es su finalidad o propósito. Solemos diferenciar en 3 tipos, orientado hacia el resultado, hacia el rendimiento o hacia el proceso. Vamos a definir cada uno.

  • Hacia el resultado: se centran en nuestros resultados deportivos, y suponen alguna comparación entre deportistas. Por ejemplo; ganar una carrera o acabar entre los 10 primeros.
  • Hacia el rendimiento: se centran en nuestra actuación personal, independientemente de los demás competidores. Por ejemplo hacer 10k en menos de 40’. O correr un tramo de montaña cronometrado, en un tiempo concreto.
  • Hacia el proceso: se centran en los comportamientos específicos para lograr un mejor rendimiento. Por ejemplo; acciones técnicas, capacidades físicas, capacidades psicológicas, etc. Ejemplos prácticos; mejorar la técnica o velocidad en bajadas, aumentar masa muscular, perder grasa corporal, perder peso, mejorar la concentración, bajar la ansiedad precompetitiva…

¿Qué orientación es mejor?

Se ha demostrado científicamente, Kingston Y Hardy (1997) que los objetivos orientados hacia el rendimiento y proceso, aumentan el desempeño del deportista. Y a su vez los deportistas que orientan sus objetivos hacia el proceso, muestran índices de ansiedad inferiores.

¿Entonces los objetivos orientados al resultado son malos? Pues no precisamente, pero son como un arma de doble filo. Si los analizamos veremos que generan una gran motivación gracias al refuerzo social y personal al conseguirlos, pero al mismo tiempo pueden ser generadores de ansiedad y frustración, al ser objetivos que no dependen del deportista únicamente y que suelen ser los más difíciles de obtener, por la incidencia de muchas variables.

En resumen, la mejor opción es encontrar un equilibrio entre los tres orientaciones, y sin olvidar cuales son nuestras expectativas y pretensiones como deportista. A fin de cuentas, ¿para qué competimos?

Vamos a analizar la formulación de objetivos. ¿A qué nos referimos con formulación? Nos referimos al diseño del objetivo, entendiendo que debe ser claro y preciso, para mejorar la eficiencia y utilidad del mismo.

Tener objetivos específicos, mesurables y observables

Ejemplo: correr el primer tercio de una carrera a menos de 170 pulsaciones por minuto. Es específico, se puede mesurar y observar a través del pulsómetro.

Los objetivos deben tener una fecha de caducidad

Debemos poner una fecha concreta para conseguir nuestro objetivo. Y la fecha debe ser relativa a su dificultad. Ejemplo: ganar fuerza en las tres primeras semanas de enero. En vez de, por ejemplo, intentar aumentar la fuerza, en solo en una semana.

Utilizar objetivos con dificultad moderada

Deben ser suficientemente difíciles para motivarnos, pero realistas para no frustrarnos. Por ejemplo: proponernos correr una media maratón a 4’ el kilómetro, una vez hayamos conseguido correr 5k a 3’40”, y 10k en 3’50” aproximadamente.

Escribir los objetivos y controlar regularmente nuestro progreso

La logística debe acompañar, debería resultarnos relativamente sencillo el seguimiento, así evitaremos que se nos olvide o nos entre la pereza, por ejemplo; si nuestro objetivo es ganar masa muscular, entonces nos pesaremos cada mañana al levantarnos y registraremos el peso en una hoja cerca de la báscula.

Utilizar una mezcla de objetivos hacia el proceso, rendimiento y resultado.

Este apartado lo hemos analizado anteriormente, una planificación equilibrada entre las tres orientaciones, nos resultará la fórmula más beneficiosa para nosotros.

Utilizar objetivos de corto plazo para lograr objetivos a largo plazo

Si nos ponemos objetivos muy lejanos, las recompensas también se demorarán mucho, y nuestro ánimo para persistir se debilitará. No obstante si nos proponemos objetivos más cortos, nos ayudará a ser más persistentes y optimistas. Desglosar las carreras de larga distancia en tramos más pequeños, haciéndolos coincidir con los avituallamientos, donde analizaremos si seguimos con nuestro objetivo final, es un buen ejemplo.

Formular objetivos en los entrenos y en las carreras

Si no conseguimos determinado rendimiento entrenando, difícilmente conseguiremos el despeño deseado en competición. Así que debemos formularnos objetivos de rendimiento y de proceso en los entrenamientos, para conseguir determinado nivel en la competición.

Además nos ayudará aumentar nuestra autoconfianza y consecuentemente bajar nuestra ansiedad precompetitiva. Ahora sí, una vez analizado la orientación y formulación idónea, toca diseñar nuestros retos objetivos y metas. Y sobre todo disfrutar de la experiencia que suponen.

Fuentes

  • Weinberg, R. S. y Gould, D. (2010). Fundamentos de Psicología del Deporte y el Ejercicio físico. Madrid: Editorial Médica Panamericana.,346
  • Richard H. Cox (2009) Psicologia del deporte, conceptos y sus aplicacions. Madrid: Editorial Médica Panamericana., 274, 275, 276
  • Kingston, K., 219, 275, 276

Autor

Pol Vilà, psicólogo deportivo de Ramon Curto Run To Live

Ramon Curto. Fisiólogo del Ejercicio. Máster en Fisiología del Ejercicio. Licenciado en Biología.
Mail: info@ramoncurto.com. Telf: 654 084 540. Skype: ramoncurto
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